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¡... A veces llegan cartas!

César Medina
lobarnechea1@hotmail.com
Siempre he dicho que para escribir una columna diaria hacen falta dos cosas: primero voluntad y luego tener cosas qué decir.
La voluntad por sí sola no basta, como tampoco tener la información sin la capacidad de procesarla, lo que obliga a conjugar el deseo con el conocimiento para darle sentido y credibilidad a la opinión que se comparte con terceros.
Miente el escribidor que reniega del reconocimiento. Porque quien escribe-- lo he dicho ya muchas veces-- lo hace con el único propósito de que otros lean lo que él escribe. Si no, la escritura careciera de sentido.
Pudiera variar ese propósito en el tiempo, en especial cuando se testimonia para la posteridad, pero siempre el fin resulta ser el mismo... Unos escriben para que otros lean.
En estos tiempos de avances tecnológicos las respuestas suelen ser abundantes...  Pero se desarrollan mecanismos para depurar tanta correspondencia.

Aristófanes y Ramón
Aristófanes Urbáez, a quienes sus amigos llaman “El Roedor”, en honor al nombre de su columna, tiene un hermano menor, Ramón, que de no haberse ido a Nueva York tan joven, fuera hoy uno de los periodistas más acreditados del país.
Porque es más inteligente que su hermano mayor, y como ser humano es insuperable, excelente compañero de trabajo, padre, hijo ejemplar...
Ramón trabaja en el Listín, y es uno de los ejecutivos medios de Redacción más importantes de este diario. Su labor es discreta, pero no resulta difícil identificar el material publicado, aún sin firma, cuando ha pasado por sus manos.
No es tan expresivo como su hermano El Roedor, y su timidez se le nota por encima de la ropa. Por eso quedé ayer patidifuso al leer esta carta que considero inmerecida...
La carta de Ramón Urbáez
“En esa crónica, Adiós a Valdez Hilario, como en la “Crónica de una Muerte Anunciada” del genial nobel de la literatura, el universal Gabo García Márquez, no sobra ni falta nada. Es limpia como las aguas de un lago de montaña y se mueven de tal modo las palabras que me refrescan una que otra de esas narraciones extraordinarias de los grandes maestros, Quiroga, Maupassant, Poe, Bosch...
“No me refiero a conceptos ni a contenidos, ni siquiera a la agudeza de los estilos, que de por sí en tus composiciones son impresionantes, sino a esa destreza y maestría que hace fluir de manera incesante las ideas y los vocablos, entrelazados firmes y consistentes.
“Ahora veo más claramente las cosas que de tus escritos me comenta siempre Aristófanes, aunque yo jamás he dejado de seguirte en esta tu última etapa en el Listín Diario, más aún desde aquella mañana en que me sorprendieron agradablemente aquellas frases que entonces escribiste sobre mi hermano y mi dignísima madre Emperatriz Matos.
“No sabes, César, lo que sacaste entonces de mi corazón. Siempre quise agradecértelo públicamente y creo que ahora es una buena ocasión, cuando has recuperado a tantos viejos lectores y te has ganado a otros muchos miles que te leen no sólo aquí, sino en todo el mundo donde hay dominicanos. Te había leído desde mi más temprana juventud, a tí y muchos otros, los años 70 y los 80, en Última Hora y luego en Hoy. Pero entonces no podía hacerlo con la madurez ni la claridad de conciencia con que puedo leerte hoy.
“Sé que no puedo agradecerte sólo con mi generosa asiduidad, ni siquiera con los mismos conceptos que aquella vez publicaste sobre mi madre Empera y el brutalmente sincero de Aristófanes. De todos modos, César, recibe mi agradecimiento. Pero por muy grande que sea mi gratitud, sé que jamás podría equiparla con tu generosidad.
“Celebro con sincero corazón esa decisión que tomaste de seguir escribiendo, aún en medio de la diplomacia, y más todavía que sea con tanta madurez en esta luminosa etapa que dirige Miguel Franjul en nuestro Listín Diario”.

- Por: William Alcántara - Artículo: ¡... A veces llegan cartas!
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