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El universo del genio: Albert Einstein

Por: Leonel Martínez
Probablemente, Albert Einstein, -Premio Nobel de Física 1921- no sea el científico más relevante de la historia, otros se perciben que son de superior peso que él: Aristóteles, Galileo Galilei, Nicolás Copérnico, Isaac Newton, Charles Darwin, Louis Pasteur, Thomas Alva Edison, Marie Curie, Alessandro Volta, Stephen Hawking. Pero la vida de Einstein rompe la ley de la gravitación porque todos parecen orbitar en torno al inmenso universo de su genio. Quizás pueda ser el astro de la inteligencia humana de mayor luz o el cerebro con más torbellinos de ideas soplando en todas las direcciones de la ciencia física.

La pasión de Albert Einstein (Alemania 1879-1955) elevada a la máxima potencia hizo saltar la física a una galaxia visible a simple vista, el mundo no necesitó telescopio para ver su talento. Su cosmos mostró que se puede llegar a ser grande, científico, sin dejar de ser humilde y sencillo como un ser normal. La teoría de la relatividad o sus trabajos de investigación dejaron un invaluable legado a la humanidad, mas los efectos de las enseñanzas de su vida en humildad son un patrimonio moral de un valor también universal.


Como las cuerdas del violín que solía tocar, la pasión y la fe de los humanos han hecho vibrar el mundo. Cuando un hombre o una mujer se dedica intensamente a la investigación y la llevan al extremo del descubrimiento se dice que hace ciencia. Nadie que no extienda sus sentimientos al límite de su pasión logra hacer cosas con valor mundial. Por ejemplo, cuando el ebanista trabaja la madera con toques mágicos de pasión su actividad transciende su oficio y se convierte en escultor y su mesa se transforma en obra de arte.

La física desde su origen había sido trabajada con interés científico, Einstein por primera vez en la historia le puso pasión a la física y esta transcendió al nivel casi del arte. Por eso, es el científico más sentido por la humanidad porque se le percibe como un artista que impregnó de forma sublime los senderos de la física. Y su pasión no es un gesto, no es una simulación, es una convicción con la fuerza de una ola de tsunami o una determinación convertida en arado que rompe piedras, troncos y obstáculos para abrir las difíciles sendas del futuro de la ciencia.

Es evidente que no vasta con la pasión, es necesario un piloto que la guíe y este es la fe. Einstein en su integridad mental es el edificio de la fe, escala paso a paso cada peldaño de la fe sin duda, de la fe carente de cuestionamiento porque sus miradas no confunden el convencimiento enterrado en su espíritu de que sus ideas científicas tienen un sol propio para esclarecerle el mundo. Sabe que su pensamiento tiene una dirección correcta.

Einstein es un sacerdote de sus creencias científicas y un profeta que predica con sus geniales experimentos. Lo suyo no es fe simplemente, es una suma de ilusiones removedoras de montañas. Einstein es la fe hecha hombre, su nave para llegar a los secretos de su universo será la física siempre y cuando esta ciencia esté dispuesta a entregar sus fórmulas de antaño para ser profundamente exploradas por el científico.

Como un profesor que descubre errores en el pizarrón desea borrar las definiciones de conceptos físicos tales como: masa, energía, espacio, luz, tiempo, velocidad, aceleración (…). Y  de esta forma, en su lugar escribir su nueva visión de estas palabras, cuyo contenido será de un sabor reciente cual vino vertido en nuevo envase.

Pero si la física ofrece resistencia a ser una ciencia con conceptos remozados se irá en otro móvil y se montará en los rieles de las matemáticas, porque él llegará a su verdad o en ruedas o a pie. Su real vehículo de viaje tiene el combustible de la pasión y la energía inagotable de la fe. Sin prisa, por infinito que sea el universo Einstein llegará al último rincón de la verdad.

Einstein decía, “quiero averiguar los pensamientos de Dios de un modo matemático”, deseaba encontrar una ecuación, -quizás no más larga que un dedo- que albergara todas las leyes de la física: la belleza, la majestuosidad de la naturaleza y el poder del universo en una solo ecuación. Ese era el objetivo de su vida.

TRAVESURAS DE UN CHIQUILLO CURIOSO

“Dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis, seis y dos son ocho y ocho dieciséis”. Las matemáticas estuvieron presentes en los juegos de niño de Einstein, que supo sumar y restar mariposas y pajaritos desde su jardín, donde las flores más que pétalos tenían divisiones y multiplicaciones porque, “si a los claveles rojos les restamos los blancos quedan cero. Y si a las rosas les multiplicamos las orquídeas se hace un “florero”. Jaja, te engañé”. Así se expresaba el pequeño con una sonrisa de decenas de piezas dentales menos una, “que me la robó el ratón”. Manifestaba con picardía aritmética y ojos abiertos como el legendario matemático Pitágoras. A quien admiró porque según el jovencito curioso, “Pitágoras fue un número primo y él su sobrino”. Decía  en forma de chiste.

Albert Einstein nació el 14 de marzo de 1879 en Alemania. Era el primer hijo del matrimonio de Hermann Einstein, con 32 años de edad y de Pauline Koch, quien contaba con 21 años de vida. Cuando Albert tenía dos años nació su hermana María. El pequeño Einstein parecía un hermoso muñeco dejado en juguete a sus padres de descendencia judía. Su apariencia física era como una fórmula: ojos grandes como dos lámparas colocadas para ver los objetos con curiosidad. Su boca parecía diseñada para guardar silencio mientras su mente descubría los misterios de su alrededor.

Su nariz, su tez, sus rosadas mejillas completaban la justa ecuación de su rostro. Lo que Albert nunca logró equilibrar fue su pelo porque sus cabellos siempre fueron una operación aritmética sin resultado visible. Odiaba peinarse. “Ven acá mi pequeño genio loco”, le expresaba su padre con amor, mientras el chiquillo travieso saltaba a sus brazos con afecto.

Su papá no ignoraba que en su hijo había algo positivamente extraño. ¿Qué era? su mirada se movía como una lupa o un telescopio, todo lo quería descubrir en un instante. Y para satisfacer su ansiedad y entretener la mente del muchacho le regaló una brújula. Desde ese momento Albert se pasaba el día matando su curiosidad con ese raro instrumento que marcaba siempre el norte. “Me daba escalofrío”, confesó siendo ya un adulto.

En otro ámbito, el padre recibiría cantidad de quejas de sus profesores porque, “Albert todo lo cuestiona y contradice, como si nada se le enseñara en la escuela. No parece venir a aprender sino a negar lo que uno escribe en la pizarra”.Sin embargo, tiempo después, los educadores del instituto politécnico donde se fue a estudiar y a vivir en Suiza reconocían que, “Albert es una super estrella en física y matemáticas”. Ellos no mintieron porque Einstein concluyó sus estudios técnicos con notas excelentes.

En el seno de la familia Einstein – Koch, existió un embrollo más enredado que una dura ecuación física, porque el hermano de su padre, Rudolf  Einstein (su tío), también se casó con la hermana de su madre, Fanny Koch (su tía). Los hijos de esta pareja eran sus primos dos veces. Y una de esas primas hermanas doble, Elsa Einstein sería su segunda esposa. Pero Einstein se casó antes con su compañera de aula Mileva Maric a los 24 años. Fruto de la unión nacieron Lieserl (1902), Hans Albert (1904) y Eduard (1910).

UN AÑO MILAGROSO PARA EL DESCONOCIDO MÁS CONOCIDO
Para el año de 1905 Albert Einstein había terminado sus estudios con el más alto grado académico al presentar su disertación final y recibir el título de Doctor en Física (PhD), aprobado a unanimidad por los profesores de la Universidad de Zürich, Suiza. Sin embargo, para la sociedad europea él era un desconocido. Tenía en sus manos la llave para abrir las puertas del éxito, pero la realidad muchas veces es hostil y está llena de espinas. Quizás por eso le fue difícil encontrar un apoyo para triunfar, aún con el mayor esfuerzo.

El recién graduado, con un mundo de nuevas ideas en su cabeza, logró tocar decenas de puertas pensando que algún colega podía valorar su talento investigativo y le daría una oportunidad para demostrar su saber. Increíblemente, llovieron las excusas y los argumentos triviales para no complacer a este desconocido. Nadie le abrió las puertas a este joven brillante para quien los robustos pilares de la física clásica y la sostenida fama del Dios de esa ciencia desde hacía más de 250 años, Isaac Newton,  él estaba preparado para echarla al suelo con sus investigaciones y teorías del universo.

Mas la decepción lo deprimió a tal punto que llegó a decir, ¿vale la pena haber nacido? Su pasión y su fe parecían apagarse como una vela soplada por el viento. Aquél hombre se sintió perdido y la genialidad de su pensamiento se redujo casi a cero. Amargo momento que el destino brinda como un trago de café sin azúcar.  El genio -aún desconocido-   no tuvo otros caminos que recurrir a los pocos amigos para buscar un empleo público.

La humanidad ignoraba que este desconocido sentado en un deprimente escritorio de una oficina iba a dar el salto más espectacular que ningún otro ser humano se haya atrevido. Su mente concentrada al nivel más compacto que otro investigador haya podido llegar logró producir cuatro artículos científicos de una transcendencia extraordinaria. Cuatro artículos que revolucionaron el conocimiento del Universo.

En el primero esbozaba  la descripción matemática de la idea de que la luz podía comportarse como una partícula (un fotón), constituye el efecto llamado por él fotoeléctrico. En el segundo trabajo publicado analiza la explicación del movimiento térmico de los átomos y las moléculas. En este título Einstein presenta la concepción teórica titulada Relatividad Especial, en la que estudia el movimiento de los cuerpos y el electromagnetismo en ausencia de la fuerza de interacción gravitatoria. Además analiza la correspondencia que hay entre la masa y la energía, al decir que, “la energía podía resultar de la masa multiplicada por la velocidad de la luz al cuadrado,  E=mc²”. Esta es la fórmula mas conocida de la historia de la física expuesta en ese momento por un desconocido.

Los referidos artículos fueron leídos por el más prestigioso físico de ese momento a nivel planetario, el reconocido y también Premio  Nóbel en esa disciplina,  Max Planck, -Padre de la Física Cuántica- el cual  expresó conmovido al terminar de leerlo, “aquí hay algo genial”. Jamás imaginó el reputado hombre de ciencia que quien había producido tales escritos era un joven empleado de la Oficina de Patentes con apenas 26 años de edad.

No tardarían pocos años para que el desconocido Albert Einstein ocupara la primera plana de un periódico tan acreditado como el New York Times, que emocionó el mundo bajo el título de: “Una nueva teoría del universo”. Planck luego le conoció personalmente, la prensa conserva la fotografía de estos dos gigantes, los más grandes de la física del siglo XX.  Max vestía impecable, al nivel de su fama. Albert, lucía el traje de la humildad y su pelo alborotado, y desde luego, sin peinar. A su estilo.

Para el año de 1915, -hace justo un siglo- Einstein publica la teoría conocida como “Relatividad General”, en la que reformuló por completo la visión de Newton sobre gravedad. Se expresa que, “una de las consecuencias fue el surgimiento del estudio científico del origen y evolución del universo por la rama de la física conocida como Cosmología o Filosofía de la Naturaleza, que se dedica a estudiar el universo en todos sus aspectos.

El desconocido logró salir de la sombra de la incógnita y continuando su fama en 1921 Albert Einstein recibe el Premio Nóbel de física. La pasión y la fe de este hombre no tienen comparación. Mas él se atrevió a decir, “apenas tengo un 1% de talento y el 99% restante es esfuerzo. Yo añado, que la velocidad de su talento + la masa de su esfuerzo al cuadrado es = Albert Einstein. La más perfecta y equilibrada ecuación de la historia, cuya luz de sostenimiento se apagó a sus 76 años de vida, cuando una fuerza extraña de mayor valor que la gravedad de sus padecimientos lo empujó a la eternidad.

No soy del área de la física pero este genio impactó mi interés en conocerle por su majestuoso empeño por dar otra vuelta a las viejas concepciones sobre un mundo que hace dos mil 400 años el dialéctico filósofo griego Heráclito de Efeso, predijo que, “el universo está de viaje”. Significó con esta frase lo cambiante del cosmos. Solo hace falta escribir que, “los aportes del científico Albert Einstein transformaron la historia del siglo XX. Su cerebro alumbró ideas que ayudaron a entender la naturaleza de la luz, del espacio y del tiempo. Gracias a ellas, hoy se puede disfrutar, entre otras cosas: rayos láser, comunicación satelital, los GPS que son sistemas de posicionamientos global, las plantas de energía atómica, la televisión, el  Internet y hasta los impresionantes teléfonos celulares”.

- Por: William Alcántara - Artículo: El universo del genio: Albert Einstein
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